La federación se ha convertido ahora en una solución mágica cuando federalismo es igualdad y la soberanía de origen es, simplemente, una ficción. No se puede esgrimir como fundamento lo sucedido con las colonias estadounidenses que libremente se unieron, aunque en su gran mayoría eran británicos, o la Constitución impuesta por los aliados a la Alemania Federal tras la Segunda Guerra Mundial, porque esas soberanías eran artificiales. En España no hay una soberanía catalana o vasca salvo que queramos asumir que la tiene cualquier territorio que la reivindique. No se pueden establecer territorios de primera y de segunda, vulnerando el principio constitucional de igualdad y abriendo un conflicto de graves e irreversibles consecuencias, solo para satisfacer los intereses de unos políticos independentistas. La realidad es que la Constitución ha permitido un desarrollo de las identidades territoriales, que tenían un fundamento histórico en muchos casos e inexistente en otros, y los hechos diferenciales han sido recogidos en los estatutos de autonomía. Nunca ha sido necesario el federalismo, porque el Estado de las Autonomías tiene ya todos sus elementos y solo hay que perfeccionarlos. No se puede destruir una gran nación para complacer a ERC, JxCat, PNV, Bildu y Podemos.
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