Gonzalo Celorio anticipó
con humor que literalmente le había quitado el sueño. Sin embargo, las
primeras palabras de su discurso en el Paraninfo de la Universidad han
ido directas al lecho de muerte de su padre, aquel romántico que
cada día escribía un mensaje de amor a la madre del aquí homenajeado (y
pese a vivir juntos). "Todavía lo puedo ver, sentado en su escritorio,
escribiendo sus cartas cotidianas, rumiando sus nostalgias e inventando
artilugios que nunca alcanzarían la bendición de la patente".
Mientras agonizaba, Celorio padre abrió los ojos y dijo al undécimo de su descendencia que él era el elegido: "Tú llegarás, hijo". Y agregó: "Si no puedes, yo te empujo". Y hasta aquí, hasta Alcalá de Henares, ha llegado "justamente hoy, 64 años después del fallecimiento".
Vigilado por el mismísimo Cervantes
Con
ese recuerdo arrancaba el autor mexicano un discurso ante los
presentes, y siempre vigilado en su escritura por quien da nombre al
premio "desde la cabecera de mi escritorio". Y en este punto ha enlazado
con esa otra promesa que hizo a principio de semana en el Museo Reina
Sofía de que venía a hablar del 'Quijote', "pero de un 'Quijote' personal.
Voy a hablar de un retrato de Cervantes, que siempre aparece en los
cuadros con una actitud engolada y solemne, donde él esté carcajeándose,
porque su sentido del humor es extraordinario y, en cambio, siempre lo
vemos con la distancia que da la solemnidad. Voy a hablar del sentido
del humor que tiene el Quijote y su sentido de la libertad y de la
defensa que hace de la libertad, porque, para Cervantes, es superior la
libertad al valor de la justicia. La libertad prepondera sobre la
justicia. Él cree en la libertad más que en la justicia".
El
primero en reírse de sí mismo fue el propio Cervantes con el
autorretrato que incluyó en las 'Novelas ejemplares', publicadas entre
la primera y la segunda parte de su obra cumbre: "El rostro aguileño,
la nariz corva, los bigotes grandes, las barbas de plata que un tiempo
fueron oro, la boca pequeña, la color viva, antes blanca que morena...",
ha enumerado Celorio. "No se echa de ver la alegría de los ojos, que
deberían reflejar, con su brillo el ingenio del escritor, que supera al
de su personaje, calificado con el epíteto de 'ingenioso'", continuaba
apoyado en el poeta zamorano exiliado en México, León Felipe, quien ya
subrayó que "el primero que se ríe de don Quijote es Cervantes".
Del Paraninfo de la UAH a la 'Rayuela' de Cortázar
Y es que el humor,
ha apuntado el escritor viajando hasta la 'Rayuela' de Cortázar, "ha
cavado más túneles en la tierra que todas las lágrimas que se han
derramado sobre ella. A través del humor, en buena medida derivado
del discurso parórico que recorre el 'Quijote' de principio a fin,
Cervantes desvela la esencia de la condición humana, que se debate
permanentemente entre el ideal inalcanzable y la cruda realidad, monda y
lironda".
Así llegó el discurso hasta uno de los
prólogos del "libro de caballerías que parodia los libros de
caballerías", como lo definió el homenajeado, en concreto a la edición
conmemorativa de la RAE y firmado por Mario Vargas Llosa, "donde se
destaca la importancia de la libertad en la obra cervantina. Y la libertad no es otra cosa que la soberanía del individuo frente a la autoridad, frente a 'los desafueros que puede cometer el poder, todo poder'".
Para
Gonzalo Celorio, es natural el fervor con el que Cervantes "valora la
libertad después de haber permanecido en cautiverio durante más de cinco
años en Argel y de haber sufrido sucesivos encarcelamientos
posteriores. Y lo es a tal grado, que la libertad, en su discurso, tiene
predominio aun sobre la justicia, de la que su propia experiencia le
hace recelar. Pero la libertad que Cervantes exalta a lo largo de las
páginas de su obra no se limita a la ponderación que de ella hace don
Quijote incontables veces y a las acciones que emprende para defenderla.
Es también una condición de su propia escritura novelística. La novela cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género".
Todo está en el 'Quijote'
De
este modo, Celorio abraza las palabras de Carlos Fuentes en las que
apuntaba que el Manco de Lepanto "unió todos los géneros [épica, picaresca, novela de amor, relato apstoril, novela morisca]
para crear un género de géneros abarcador, incluyente, en el que
tuvieran cabida todos los sueños, la memoria, los deseos, las
imaginaciones, las debilidades y las fortalezas del ser humano". El
tiempo hizo "adelgazar" el género del 'Quijote' "hasta la anorexia por
una exigencia de pureza mal avenida con la impureza radical del género".
Pero, "por fortuna", indicaba, "la novela ha podido recuperar en
nuestros tiempos la impureza que le otorgó Cervantes", ha celebrado el escritor.
No le tembló la voz para afirmar que, actualmente, "cualquier experimento narrativo o cualquier intento de ruptura de la tradición en busca de la modernidad ya están prefigurados en el 'Quijote'".
También
ha tenido tiempo el autor de 'Ese montón de espejos rotos' y 'Amor
propio' para hacer una lista de los temas que le hubiera gustado tocar
en su intervención, pero que ha dejado en el tintero para su imaginario
personal o para posteriores ocasiones: el tardío advenimiento de la
novela en América con 'El Periquillo Sarniento', de José Joaquín
Fernández de Lizardi; o el proceso de "desespañolización", que pretendió
articular "una literatura propia en una lengua que inopinadamente se
sintió ajena cuando, sin ella, ni México, ni ningún otro país
hispanoamericano, habría podido configurar su nacionalidad". Pero, por
cuestiones de espacio-tiempo, no pudo ser: "Solo manifestaré, en esta
mera enunciación de temas que me hubiera gustado desarrollar, que la
nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura
española, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en
cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se han
intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido, México es parte
sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente 'el territorio
de la Mancha'... Me limitaré entonces a hablar, con cierto pudorcillo
desmañado, de mi propia obra literaria, porque es ella, a fin de
cuentas, la que me ha traído hasta este Paraninfo".
Un recuerdo para el caserío asturiano y la Cuba española
Un
Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares en el que Celorio
también quiso sacar pecho de los orígenes asturianos del padre de su
padre, su abuelo, quien, a mediados del siglo XIX, salió de un
caserío llanisco para "hacer las Américas" cuando "apenas era un
mozalbete de 16 años"; y también hizo referencia a su abuela
materna, nacida en La Habana cuando La Perla de las Antillas, era
todavía una de las provincias españolas de ultramar: "Se dice que ella bordó la estrella de la primera bandera cubana de su incipiente y malhadada independencia".
En
ellos dos, y en muchos más, ha escarbado Celorio en su escritura, la
"literatura del yo": "Siempre había querido contar la historia de mis
ancestros para conocer mis orígenes y conocerme a mí mismo, porque nadie
sabe bien a bien quién es si no sabe de dónde viene. Por lo poco que
conocía de mis antepasados próximos, intuí que sus vidas eran
novelables, como bien mirada, cualquier vida lo es. Pero las suyas quizá
todavía más por la dimensión histórica que fueron cobrando sus
involuntarias hazañas. Tan pronto empecé a averiguar por mi propia
cuenta los pasajes más determinantes de sus biografías, advertí que casi
todos ellos habían desempeñado, sin sospecharlo siquiera, un papel
épico en el transcurso de sus días (...) Durante mucho tiempo me di a
la tarea de indagar sobre aquellas ramas que por razones puritanas
habían sido podadas de mi árbol genealógico y por las que mi curiosidad
infantil hubiera querido encaramarse".
Celorio, una
vez "liberado de las exigencias de la veracidad histórica", le dio
cabida a la imaginación literaria: "Modifiqué nombres, fechas,
parentescos; suprimí de un plumazo personajes anodinos para la
literatura por más que hubieran sido relevantes para la vida familiar,
de igual manera que engendré otros que se desplazaron por mis páginas
con la misma naturalidad que si hubieran transitado por la historia", ha
explicado el autor de una escritura que se pobló de hipérboles,
falacias e invenciones que le han permitido "hacer calas más profundas
en aquella historia original": "Porque la ficción puede llegar adonde la veracidad histórica se detiene como delante de un precipicio.
Y es que la novela tiene la potencia de ampliar las escalas y las
categorías de la realidad. No se limita a contar lo que los seres
humanos hacen, dicen o piensan, sino que incorpora a su discurso lo que
recuerda, lo que imaginan, lo que sueñan... todo aquello que forma parte
de su realidad, entendida en un sentido amplio e incluyente".