Lo que resulta evidente es que ni Israel ni Estados Unidos pueden actuar unilateralmente en el escenario internacional sin asumir consecuencias. Un ataque contra Irán sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU ni respaldo de acuerdos internacionales supondría vulnerar el marco jurídico que rige las relaciones entre Estados. Actuar por cuenta propia en un conflicto de esa magnitud es comparable a intervenir en una pelea ajena y después exigir apoyo automático del resto de aliados.
En este contexto, la figura de Donald Trump es vista por sus críticos como la de un presidente con una política exterior impulsiva y confrontativa. Se le acusa de haber endurecido tensiones internacionales y de haber respaldado de forma incondicional a Benjamin Netanyahu, especialmente en escenarios de conflicto en Oriente Medio. Considera que Irán es un estado terrorista que quier liquidar del mapa a Israel. Para sus detractores, esa estrategia no busca estabilidad, sino demostrar fuerza, incluso a costa de debilitar consensos multilaterales.
Las declaraciones en las que Trump afirma que “no quiere tener nada que ver con España” [ni nosotros contigo] y amenaza con cortar negociaciones o comercio, tras la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón en una operación contra Irán, reflejan una escalada diplomática significativa. España, como miembro de la OTAN, mantiene compromisos de defensa colectiva, pero también conserva soberanía sobre su territorio y sobre las decisiones relativas al uso de sus instalaciones militares. España no es que esté a favor de la tiranía y teocracia de Irán sino en contra de actuar contra normas internacionales y la legalidad.
Desde la perspectiva española, negarse a participar en una operación concreta no equivale a romper la alianza, sino a ejercer autonomía política. Desde la perspectiva estadounidense más dura, sin embargo, puede interpretarse como falta de compromiso. Si Trump, el Trumpas, quiere ir de Emperador del mundo, que va por su cuenta. Nos impone aranceles al aceite y al vino y luego viene lloriqueando. Trump es un aliado "terrible" para Europa y para el mundo. Su slogan es: "América primero y los demás a chuparme el trasero". El mundo está cansado de la amenazas constantes de Trump con los aranceles, sus soberbias y sus malas praxis.
En cualquier caso, el debate de fondo gira en torno a un principio esencial del derecho internacional: la legitimidad de las intervenciones militares. Sin respaldo internacional amplio, cualquier acción corre el riesgo de aumentar la inestabilidad regional y erosionar la cooperación entre aliados.
Pedro Sánchez no le tiene miedo a Trump, este se mete en peleas por su cuenta y luego pide ayuda. Esto no es así.
Enlace: España no quiere volver a la guerra contra Irák y con el 11-M














