(Trump con al tablas de la Ley de Moises en la manos)
Trump: el Mesías del desastre económico y moral
Votar a Donald Trump equivale a apostar por una visión del mundo anclada en dogmas del pasado, tan antiguos como ineficaces. Con una retórica mesiánica y una política económica que parece sacada de una Biblia de hace 2000 años, Trump representa una derecha retrógrada, negacionista y orgullosa de no rectificar nunca, aunque el error sea evidente. El mesías crucificado, no el de LA ESPERANZA Y LA RESURRECCIÓN. En su empecinamiento ha arrastrado al abismo a millones de inversores, incluidos muchos multimillonarios que alguna vez lo respaldaron con entusiasmo. Lo que sucede es que Trump tiene muy buena labia (lenguaje) y pocos sesos (cerebro). Trump mintió porque no le salen las cuentas de lo que dijo en campaña.
El primer experimento de los aranceles en la primera presidencia de Trump fue un fracaso, este segunda mandato será otro, por que los países importadores aprendieron. El líder supremo ordena y todos a a obedecer en regañadientes. Luego dirá: "A mí los expertos me engañaron".
Sucede que Trump cuenta lo que importa de otros países; pero no todo lo que exporta al mundo como las armas. Los aranceles son una forma de amenaza para después negociar. Con España le sale el tiro por la culata porque no los va aceptar, y tenemos el respaldo de Europa.
Durante siglos, la esclavitud fue el motor oculto del crecimiento económico estadounidense del algodón en el sur con los esclavos negros. Hoy, esa lógica de explotación no ha desaparecido, solo se ha externalizado. Mujeres y niños trabajan en condiciones infrahumanas para las grandes multinacionales norteamericanas en países como India o Bangladesh, convertidos en los nuevos campos de trabajo forzado del capitalismo global. Trump, lejos de cuestionar este sistema, lo celebra como una muestra de la supremacía americana, reafirmando su "destino manifiesto" como si fuera una revelación divina. Expulsa la la mano de obra barata de los inmigrantes. Admite a millonarios a cambio de al nacionalidad. No tiene efectivo. El dólar es una moneda sobre valorada.
Un nacionalismo que huele a herejía moderna
La cosmovisión trumpista entra en tensión irreconciliable con los marcos axiológicos contemporáneos. Frente al universalismo liberal, que promueve la interdependencia global, el trumpismo ve una amenaza existencial. Frente al ecologismo, que advierte sobre los límites planetarios, Trump responde con un expansionismo sin freno. En abierta contradicción con los enfoques poscoloniales, que deconstruyen las narrativas imperiales, él reinstaura la idea del excepcionalismo estadounidense como mandato sagrado. Intentar rehacer el Imperio Amerino de después de la II Guerra Mundial, no se posible. Como le sucedió al Imperio Romano o Español.
Esta dimensión trascendental de su discurso explica su inmunidad a las críticas racionales. Trump no necesita tener razón en los hechos: apela a la fe, no a la lógica. Sus seguidores no le exigen coherencia, sino lealtad. La política, bajo su liderazgo, se convierte en un acto de identidad, donde las contradicciones empíricas —como su participación en negocios globalizados mientras reniega de la globalización— se vuelven irrelevantes. El verdadero desafío no es su programa económico o diplomático, sino su capacidad para moldear el imaginario colectivo a través de una narrativa de redención nacionalista, donde la disidencia se convierte en traición y el disenso, en blasfemia.
¿Pueblo contra élite o una élite populista?
Trump se presenta como la voz del pueblo frente a una élite corrupta, pero es él mismo una figura prototípica de esa élite. Su diagnóstico sobre el declive estadounidense es parcial y conveniente. Culpa a la globalización de la desindustrialización, obviando el impacto mucho mayor de la automatización. Sí, el libre comercio ha generado perdedores —sobre todo en sectores manufactureros—, pero también ha traído beneficios: abarató productos, amplió mercados y aceleró la innovación.
Aislar a Estados Unidos del mundo, como propone Trump, no revierte esa pérdida, sino que la agrava. Análisis de la Universidad de Yale muestran que su política proteccionista impactaría con mayor dureza en los hogares más vulnerables. Las respuestas internacionales ya lo anticipan: aranceles desde Canadá, represalias de la UE y advertencias de líderes como Macron. La historia se repite: las guerras comerciales de los años 30 llevaron al desastre. Hoy, con una economía frágil e inflacionaria, esos errores podrían costar aún más caro.
Los aranceles tienen el propósito explícito de chantajear a aquellos de los que Trump y la tecnocasta quieren algo, desde los territorios de Groenlandia, hasta la desregulación para los negocios de la tecnocasta en Europa, pasando por la vía libre a las matanzas de Gaza o el latrocinio de los recursos naturales de Ucrania. Los aranceles sirven también para que Trump recaude en su país lo que perdona en impuestos a sus aliados tecnócratas.
Los aranceles tienen como objeto castigar a la Unión Europea, a la que Trump, Vance, Musk y compañía odian porque representa todo aquello que ellos quieren destruir: democracia, libertades, derechos humanos, ecología, feminismo, respeto a la diversidad sexual, Estado de Bienestar.
Europa debe defenderse de la Internacional Ultra, para defender nuestro modo de vida. Debe hacerlo acelerando su integración. Hemos de ser grandes para plantar cara a los gigantes que nos amenazan. Encontrando nuevos socios comerciales con los que compartir valores y prosperidad. Imponiendo a nuestra vez aranceles recíprocos con inteligencia, para no dañarnos a nosotros mismos, buscando la autonomía y la fortaleza estratégica.
Globalización y sus sombras: la externalización del sufrimiento
Sin embargo, tampoco puede idealizarse la globalización. Lejos de ser un paraíso de oportunidades, ha consolidado un modelo de explotación global. El caso del Rana Plaza en 2013, donde más de 1.100 trabajadores —en su mayoría mujeres— murieron en una fábrica textil en Bangladesh, es un testimonio brutal. Ese edificio albergaba talleres que producían para marcas del primer mundo, ignorando grietas estructurales, pagando salarios de miseria y exigiendo jornadas inhumanas.
La tragedia de Rana Plaza en Bangladés es un símbolo de la cara oculta de la globalización: mientras los consumidores occidentales disfrutan de precios bajos, el costo real lo pagan los trabajadores del Sur Global. El sistema ha convertido a seres humanos en piezas desechables dentro de cadenas de suministro gobernadas por una lógica despiadada de maximización de beneficios. En lugar de corregir estas fallas estructurales, Trump prefiere afianzar la lógica del abuso, presentándola como “libertad económica”. Ejemplo descomunal sus aranceles es ponerles a Botswana aranceles del 37 % cuando allí solo hay elefantes.
Trump: ¿visionario o arquitecto del colapso?
La guerra en Ucrania sigue activa, y la posición ambigua de Trump solo fortalece a figuras autoritarias como Putin. Su falta de compromiso con aliados estratégicos, su desdén por las instituciones internacionales y su afinidad con regímenes autocráticos dibujan un panorama geopolítico alarmante. Para un líder que se presenta como defensor del mundo libre, su postura genera más dudas que certezas. Inseguridad, porque lo que dice Trump hoy no vale para mañana. es mejor buscar otros mercados.
En definitiva, el trumpismo no solo representa un retroceso político y económico, sino también una amenaza civilizatoria, por ser uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, como el Hambre.. Su éxito radica en su capacidad de transformar el miedo, la frustración y la pérdida en identidad. Su propuesta no es una solución, sino una regresión: un viaje hacia atrás en nombre de un pasado que nunca existió, y un futuro que, de seguir su curso, podría ser aún más desigual, conflictivo y devastador.
Comercio en España y EE.UU
En 2024, España importó bienes de EEUU por 360.369 millones de euros, mientras que exportó bienes por 271.805 millones.
Esto arroja un saldo comercial a favor de Estados Unidos de 88.564
millones de euros mientras que para España la balanza comercial es,
lógicamente, negativa.
Pese a la caída prolongada desde el jueves de las bolsas mundiales, entre ellas el Ibex, tras el anuncio del miércoles por la noche de Donald Trump, las exportaciones de bienes a aquel país suponen un 4,4% de las exportaciones mundiales de España, un porcentaje muy moderado.
Trump se merece un sonados boicot a los productos estadounidenses.
Ramón Palmeral